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Historia de la Navidad |
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Hace aproximadamente dos mil años, cerca de una pequeña ciudad llamada Belén, vivía una familia, sencilla pero muy creyente en el Señor; la cual al igual que otras personas se dedicaban al cuido y crianza de ovejas. En nuestra familia tenemos a Esaú, un padre humilde, de corazón limpio, que espera el cumplimiento de la promesa de Dios Padre, hecha a su pueblo hace más de ochocientos años; su esposa de nombre Ana, que cada día se esmera por la unión de todos, ella también aguarda esa promesa y juntos velan por la formación de sus hijos, como lo es Samuel, el mayor, con apenas diez años de edad, quien al igual que otros niños, acompañaban a los mayores a pastorear los rebaños en las colinas, cerca de la pequeña ciudad; también estaba su hermana Ruth, de ocho años, ella junto con su madre realizaba los quehaceres del hogar, y el más pequeño de todos era Barúc, de tan sólo dos años de edad, pero inteligente y gracioso. Por aquel entonces, el verano
ya había entrado, eran días calurosos con noches oscuras
y frías; los pastores pasaban las noches cuidando sus ovejas, pues
rondaban lobos y animales salvajes, peligrando tanto ellas como sus dueños.
Un día al atardecer, que Samuel caminaba con su padre Esaú, observaron un grupo de soldados del imperio romano, que dominaba a toda Judea, eran hombres fuertes, grandes y con armaduras que los protegían cuando peleaban, tenían un corazón duro, no les importaba el dolor de otras personas, y miraban al pueblo, como simplemente, un grupo de gentes extraña y sin cultura; lo peor de todo era es que no estaba en ellos el amor de Dios y estaban llenos de odio. Esaú dijo a Samuel: Samuel, con mucho esfuerzo logró
controlarlas, de pronto alzó su mirada clavándola en los
ojos de un joven soldado, de nombre Claudio, de unos veinte años
de edad, recién enviado a ese lugar como parte de su entrenamiento,
para más adelante ser ascendido y comandar tropas en nuevos sitios,
que el imperio conquistara. - ¡Marchen tropa, marchen! - Padre, ¿quienes son
ellos? Ascendieron junto a los demás, hasta las colinas, llegando más tranquilos, mirando al sol ponerse y llenos de paz, proveniente de nuestro Padre Celestial. Como todas las noches, una vez más, se sentaron, unos a dormir, otros a observar a sus ovejas, pero Esaú y Samuel fascinados miraban el cielo, tratando de ver quien contaba más estrellas o si por mera casualidad, podían observar una estrella fugaz, hasta que... - Padre, ¿no te parece
extraño esa estrella de allá? Al día siguiente, el grupo al que pertenecía Esaú, empezaba a descender, el mejor amigo de Esaú, de nombre Jafet, proveniente de las tierras cercanas a Arabia, junto a su hijo Omar, quien se había hecho casí un hermano de Samuel, se les acercaron, - ¡Jafet, que el Señor
de los cielos te bendiga! Y así el grupo de pastores
continuó hacia sus casas, en una pequeña ciudad llamada: |
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