Recopilado por: Kenneth Vargas
 

"¿No saben que sus cuerpos son templos del Espíritu Santo que habita en ustedes y que han recibido de Dios? Por lo tanto, ustedes no se pertenecen, si no que han sido comprados, ¡Y a que precio! Glorifiquen entonces a Dios en sus cuerpos" (1 Co 6, 19-20).
 

ESPIRITU SANTO,
Señor de mi alma y de mi cuerpo:
El apóstol Pablo dice a sus discípulos
que nuestros cuerpos son tu templo.
¿Por qué lo dice?
¿No será para que tomemos conciencia
de nuestra dignidad
ante la devaluación que hacemos
de nuestros cuerpos
de nuestra sensibilidad,
de nuestros afectos manifestados?

¿No será para que tomemos conciencia
de que no nos pertenecemos
-como el mismo lo dice,
si no que hemos sido comprados
por el Padre,
al precio de la sangre de tu hijo?

¿No será para que tomemos conciencia
de que, desde nuestro bautismo,
somos tan miembros de Cristo
como una rama lo es del tronco principal?

Tú, Espíritu Santo de Dios,
Estás en lucha permanente
contra "la carne",
tal como el Hijo, luz del mundo,
está en guerra a muerte contra
"el mundo" y "las tinieblas".

Esa "carne" constituye el cono de sombras
Que frena tu mano y le impide
plasmar en nuestras caras
el rostro de Jesús,
único rostro que será reconocido
por el Padre.

Los excesos de la carne son, en realidad,
frenos a tu obra.

Y, además, son atentados
contra nosotros mismos,
pues hemos nacido para la pureza,
para el ojo limpio que nos permite
ver al mundo como bueno
y así ser llamados hijos de Dios.

La sensibilidad es cosa buena
y obra de nuestro padre.

La sensualidad es el abuso
de la sensibilidad
y la quiebra de su real vocación.

Queremos que tú nos animes,
que nos des un alma nueva
de modo que el libertinaje,
la impureza y la fornicación
no estén en nuestro hogar
pues quiere ser tu casa.

Queremos ser como niños
en orden a la malicia,
para que tú nos conviertas
en adultos, según tu sabiduría.

Queremos que así como
el cuerpo y el alma
alaban a Dios en la oración,
también almas y cuerpos
alaben a Dios en la conducta diaria,
de modo que mostrándonos al mundo
reconozca el rostro de Jesús
el forjado por tu acción...
(Tomado del libro: 36 oraciones con el Espíritu Santo. Héctor Muñoz, Editorial San Pablo).

 
     
     
     

© Internet para la Evangelización, Todos los Derechos Reservados.