3.
Los fieles laicos, precisamente por ser miembros de la Iglesia, tienen
la vocación y misión de ser anunciadores del Evangelio:
Son habilitados y comprometidos en esta tarea
por los sacramentos de la iniciación cristiana
y por los dones del Espíritu Santo.
Punto 16 renglones del
7 al 14.
La vida
según el Espíritu,
cuyo fruto es la santificación (Cf. Rom
6, 22; Gál 5, 22), suscita y exige de todos y de cada
uno de los bautizados el seguimiento y la imitación de Jesucristo,
en la recepción de sus Bienaventuranzas, en el escuchar y meditar
la Palabra de Dios, en la participación consciente y activa en
la vida litúrgica y sacramental de la Iglesia, en la oración
individual, familiar y comunitaria, en el hambre y sed de justicia,
en el llevar a la práctica el mandamiento del amor en todas las
circunstancias de la vida y en el servicio a los hermanos, especialmente
si se trata de los más pequeños, de los pobre y de los
que sufren.