Recopilado por: Kenneth Vargas
 

El plan amorisísimo de Dios es el de darnos a todos la plenitud de su Espíritu. No se trata de un don reservado a unos pocos. Las palabras de San Pedro el día de Pentecostés son muy claras. Cita primero las palabras del Profeta Joel: "Y sucederá en los últimos días", dice Dios, "que derramaré mi Espíritu sobre toda carne" y afirma después: "arrepentíos y bautizaos en el nombre de Jesús para remisión de los pecados y recibiréis el don del Espíritu Santo. Por que para vosotros es esta promesa. Y para vuestros hijos y para todos los de lejos, cuantos llamare así el Señor, Dios nuestro" (Hch 2, 38 y 39).

Nosotros somos los llamados por Cristo en este siglo XX, la efusión el Espíritu Santo, que anunció Joel y que recibieron los Judíos que se arrepintieron y recibieron el bautismo en Jerusalén en el comienzo de la Iglesia.

 
     
     
     
     

© Internet para la Evangelización, Todos los Derechos Reservados.