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Revolución de feJuan Pablo II cumplirá 25 años como jefe de la Iglesia Católtica el 16 de octubre. Su carisma y su entrega han marcado al mundo Ovidio MUÑOZ y Neysa CALVO / Al DíaMientras la multitud espera en la plaza de San Pedro, la luna llena cuelga del cielo romano. Es 16 de octubre de 1978. En la Capilla Sixtina, el cardenal Karol Wojtyla se prueba su nueva sotana blanca. Su nombre de pila quedó atrás. De ahora en adelante será Juan Pablo II. A las 6:15 de la tarde, la chimenea de la Sixtina lanza el humo blanco de la buena noticia.
El cardenal Percle Felici sale al balcón de la Basílica de San Pedro y, como lo manda la tradición, informa lo ocurrido... “Annuntio vobis gaudium magnum: habemus Papam!”, “les anuncio un gozo grande: tenemos Papa”. Un hombre alto y robusto de 58 años se dirigió a los presentes en tono casi de conversación, sin el carácter solemne de los antecesores. Ese pequeño detalle dejó ver de inmediato que su papado sería diferente. Hoy nadie lo duda. Muchos expertos creen que es difícil hacer un balance de este pontificado antes de que termine. Coinciden en que ha estado marcado por el carisma y la fuerte personalidad de Juan Pablo II y que a la Iglesia católica le será imposible volver a la “normalidad” después de él. Durante estos 25 años, el Papa polaco ha sido protagonista de la historia mundial. Su estilo particular y su posición en temas polémicos le han valido críticas y elogios. Se dice que influyó mucho en la caída del comunismo. Desde 1994, las especulaciones sobre su sucesión han crecido; su salud le dificulta los movimientos. Incluso algunos de sus colaboradores más cercanos hablan cada vez con más libertad sobre el fin de la era de Juan Pablo II. Algunos de los cardenales que no votaron por él, argumentaron que era “demasiado joven”. Pero su candidatura se impuso y fue electo en la octava votación del día, cerca de las 5:15 de la tarde. Su cercanía con la gente quedó clara desde los primeros minutos de su pontificado. “Parte del legado de Juan Pablo II es la apertura de la Iglesia hacia las personas”, dice el pastor Enrique Loaiza, de la iglesia evangélica Cristo Viene, en Cartago. Su estilo es totalmente diferente al de sus predecesores. “Ha demostrado su cercanía no solo a las comunidades cristianas del mundo, sino también a todos los pueblos y a todos los hombres”, dice Javier Guerra, embajador tico en la Santa Sede. La frase “fue el primero” ha marcado a Juan Pablo II: el primer Papa eslavo, el primero en visitar una sinagoga, el primero en dejarse ver en una cama de hospital, el primero en pedir perdón... Por eso muchos creen que la elección del sucesor no será fácil. Pero eso se verá más adelante.
“La crítica convencional a Juan Pablo II, tanto dentro como fuera de la Iglesia, es bien conocida: que ha sido autoritario, centralizador del poder ... incluso lo describe como un Papa que ejerce la represión intelectual, (que es) indiferente a los problemas de la mujer (actual)”, dice el teólogo George Weigel en el libro “Testigo de esperanza”. También se le acusa de tener una rígida moral en temas sexuales, por ejemplo, en el uso de anticonceptivos, algo inaceptable por el Pontífice. “Como pastor, estoy en contra de la posición de la Iglesia Católica en relación con eso. Las iglesias deben salir a la calle, discipular a las personas y ellas, con la guía de Dios, escoger lo que más les convenga sin apartarse del mensaje esencial del evangelio”, agrega Loaiza. El sacerdote José Amando Robles, profesor de la Escuela Ecuménica de Ciencia de la Religión de la Universidad Nacional, comenta que “en cuanto a la posibilidad de la ordenación de mujeres, se sabe que no hay argumentos teológicos que la prohiban”, pero la la Iglesia lo impide en la práctica. Juan Pablo II no lo acepta, e incluso dio por terminada la discusión. “Pero no se trata de una posición antojadiza, es una doctrina de la Iglesia”, dice Monseñor Román Arrieta, Arzobispo Emérito de San José. Junto a las críticas hacia Juan Pablo II, ha crecido el reconocimiento de sus méritos. “Ha fortalecido la fe de la Iglesia a través de su preocupación por visitar muchos países. Una de sus virtudes ha sido la promoción de los valores cristianos, especialmente en los jóvenes”, afirma el obispo Héctor Monterroso, de la Iglesia Episcopal Costarricense. “Me gusta su espíritu ecuménico sin reservas”, añade David Guevara, rector del Seminario Teológico Bautista de Costa Rica. Sus viajes constantes –102 hasta el momento– lo han llevado a sitios impensables años atrás, como Cuba o Israel. La gran tarea pendiente sigue siendo la visita a Rusia, a lo que se opone la Iglesia Ortodoxa. Aún quienes no están del todo de acuerdo con Juan Pablo II, le reconocen su honestidad. “Es un hombre auténtico, incluso en sus errores. Cree en lo que hace, lo acepte el mundo o no”, dice el filósofo y exsacerdote Arnoldo Mora. Robles destaca la sensibilidad y apertura del Pontífice ante los temas sociales. Ello se “refleja en muchas tomas de posición frente al comunismo y el capitalismo”. Hay quienes lo resumen con una frase: es un hombre de una sola pieza. Pero aún siendo fuerte y de una pieza es humano, y tras 25 años de pontificado y con 83 a cuestas, Juan Pablo II ha visto disminuida su fortaleza física, no así la espiritual. El atentado del 13 de mayo 1981 en la Plaza de San Pedro fue el primer golpe a su salud. La cirugía duró más de cinco horas, durante las cuales estuvo entre la vida y la muerte. En 1992 fue operado debido a un tumor benigno en el colon, en noviembre del 93 se dislocó el hombro derecho, en abril de 1994 se cayó en el baño y se fracturó el fémur derecho, en el 96 fue operado de apendicitis... En enero del 2001, el Vaticano aceptó lo que era un secreto a voces: que el Papa padece la enfermedad de Parkinson. El martes anterior, el cardenal alemán Joseph Ratzinger esparció nuevos temores. “(El Papa) está mal, debemos rezar por él”, dijo el religioso al semanario Bunte. Hasta ese día, nadie había hecho una afirmación tan fuerte sobre el estado de salud del Pontífice. El jueves, el cardenal austriaco Christoph Schoenborn remachó sobre las palabras de Ratzinger. “El mundo está viendo un Papa enfermo, discapacitado y muriendo... quien se está acercando a los últimos días y meses de su vida”. El estado de salud de Juan Pablo II y el hecho de que haya adelantado para este mes el Consistorio (elección de cardenales) que estaba previsto para febrero, reavivó el tema sobre el sucesor. “Se debe a un cálculo previsible y realista. Al coincidir el deterioro evidente de la salud y la celebración de 25 años de pontificado, fue prudente hacer converger el nombramiento (de cardenales)”, afirma Robles. Monseñor Arrieta no cree “que al nombrar más cardenales esté preparando su sucesión. Pero el Arzobispo Metropolitano, Monseñor Hugo Barrantes, opina lo contrario. “No se ve que quiera renunciar, pero sí parece que prepara su sucesión”. En 1996, Juan Pablo II estableció las normas para elegir a su sucesor. “Deberá impulsar el diálogo con la Iglesia Ortodoxa, el protestantismo, el judaísmo, el islamismo y las otras religiones”, dice Weigel en su libro. En definitiva, la tarea no será sencilla. “Pienso que el nombramiento será difícil, no porque haya divisiones o pleitos, sino porque los cardenales son muchos y de todas partes. Algunos no se conocen entre sí. Será muy difícil llegar a un consenso”, dice Mora. Lo que parece un hecho es que la nacionalidad del futuro pontífice no será un asunto de peso. También en eso Juan Pablo II ayudó a romper los moldes de la tradición.
Audaz e innovador Nadie duda de que Juan Pablo II ha sido protagonista de los últimos 25 años de la historia mundial. “Rompió con el modelo papal moderno que heredó”, dice el teólogo George Weigel en el libro “Testigo de esperanza”. Según este autor, es posible descubrir con claridad sus aportes: “la remodelación del papado para el siglo XXI y el nuevo milenio, la puesta en práctica de la doctrina del Concilio Vaticano II, la caída del comunismo, clarificación de los retos morales de la sociedad libre, la marca del ecumenismo en el corazón del catolicismo, el diálogo con otras religiones y la inspiración personal” de sus actos en la gente. Su audacia e innovación han marcado el tiempo que lleva como líder espiritual de los católicos. Tan amplia e influyente es su herencia que hay quienes afirman que la Iglesia no podrá volver a la “normalidad”, al estado en el que se encontraba antes del 16 de octubre de 1978. “Deja como legado una Iglesia con una nueva cara”, afirma Enrique Loaiza Umaña, pastor de la Iglesia Cristo Viene, de Cartago. “Es interesante el acercamiento que ha promovido con las otras iglesias, aunque no creo que se haya logrado mucho. Pero al menos ha mostrado apertura hacia otros grupos religiosos, y para mostrar esa apertura tiene que ser un hombre muy respetuoso de lo que piensan los demás”, añade David Guevara, rector del Seminario Teológico Bautista de Costa Rica. Héctor Monterroso, obispo de la Iglesia Episcopal Costarricense, opina que “nos ha mostrado que la autoridad de la Iglesia inicia con el ejemplo y el servicio. Su autoridad es un don que debemos compartir todos los cristianos”. Para el sacerdote dominico José Amando Robles, profesor de la Escuela de Ciencias de la Religión (EECR) de la UNA, parte del legado del Papa se ve en su personalidad. “Es un apóstol infatigable, con una vocación de servicio y entrega, como estamos viendo, hasta el límite de su vida”. Hay quienes creen que un cuarto de siglo es poco tiempo para evaluar la labor de Juan Pablo II. Así piensa, precisamente, Miguel Picado, también profesor de la EECR. “Su legado debe ser evaluado por la historia. Para dar una respuesta bien fundamentada habrá que esperar”. Según los obispos costarricenses Hugo Barrantes, Arzobispo Metropolitano, y Román Arrieta, Arzobispo Emérito de San José, no hay que ir muy lejos para hallar el legado del Papa. “Ha apoyado todos los procesos de Centroamérica en la lucha por los derechos humanos. Por eso apoyó a Nicaragua cuando nombró su cardenal (Miguel Obando y Bravo) y ahora, al nombrar uno de Guatemala”, dice Barrantes. Monseñor Arrieta lo secunda: “su legado en Centroamérica, y en el mundo entero, es de una generosidad increíble. Si todos trabajáramos con el celo, la entrega y dedicación con que él lo hace desde la mañana hasta altas horas de la noche, las cosas serían diferentes”. Hay quienes creen que, efectivamente, el mundo de hoy es diferente al de hace 25 años gracias a los aportes de Juan Pablo II. No hay bloque socialista, ni muro de Berlín, por ejemplo. Hay acercamiento entre iglesias, diálogo, hubo solicitud de perdón por los errores cometidos... “La Iglesia camina (hoy) codo a codo con el mundo y el proceso de integración de las naciones. Signo inequívoco de este espíritu de servicio a los pueblos de la tierra es la incesante propuesta al diálogo, de perdón recíproco, de reconciliación y, sobre todo, la inquebrantable confianza de que ningún muro puede impedir el camino de la humanidad hacia el bien”, dice Javier Guerra, embajador de Costa Rica ante la Santa Sede. |
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