9 DE ENERO
SANTOS JULIAN, BASILISA
Y COMPAÑEROS, Y B. GREGORIO X
Mártires y Papa

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La vida terrena de Julián y de Basilisa se puede subdividir en tres periodos. El primero fue el de su formación humana y cristiana, de la decisión que tomó Julián y aceptó Basilisa de vivir virginalmente en el matrimonio que contrajeron para darles gusto a sus padres. Cuando [estos murieron, los dos castos esposos se separaron para fundar él un monasterio para hombres, y ella uno que llevaba a cabo una intensa actividad caritativa.]

El tercer período consistió en el precioso testimonio que dio Julián con su martirio junto con un gran número de compañeros a quiénes él animaba, como narra el Martirologio Romano: "En Antioquía (los estudiosos dicen que en la realidad fue en Antinoe) bajo Diocleciano y Maximino, (se celebra) el nacimiento de los santos Julián Mártir y Basilisa Virgen, esposa del mismo Julián. Esta, habiendo conservado la virginidad con el esposo, terminó su vida en paz. Pero Julián, después de haber visto quemados vivos a muchisimos sacerdotes y ministros de la Iglesia de Cristo que, por crueldad de la persecución, se había refugiado en el monasterio de Julián y Basilisa, también él por orden de Marciano fue torturado y condenado a muerte y hecho participe de la Iglesia de Cristo; Celso jovencito junto con su madre Marcelina, siete hermanos y muchisimos otros".

Distinta fue la vida del beato Tedaldo Visconti, que fue el Papa del 1271 al 1276. Había nacido hacía el 1210 y tenía un temperamento manso y sereno que le hizo ganar la simpatía de un cardenal paisano suyo, el cisterciense Santiago de Pecorara, que le quiso consigo en Lyón, en donde se preparaba un gran Concilio, en Piacenza, Liegi y Roma, donde permaneció más tiempo. En París tuvo un condiscípulo a san Buenaventura y santo Tomás.

Su elección como Papa, que tuvo al mal del cónclave de Viterbo, se la comunicaron cuando él estaba en Tierra Santa, en donde recibió también a los hermanos Polo que regresaban de su aventura en el extremo Oriente; por eso pudo darse cuenta de la necesidad de una Cruzada, a la que se dedicó con mucho empeño.

La promovió sin éxito en el importante segundo Concilio de Lyón(1274), que realizó una efímera reunión con los Orientales; fue efímera por lo antigua.

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