El nombre y la devoción santa Genoveva, que no hay que confundir
con la legendaria homónima de Brabante, son muy populares en
Francia, y sobre todo París, de la que es patrona. La vida de
la virgen parisiense se encuentra en la Vita Genovefae, escrita unos
20 años después de la muerte. Esta biografía, que
hoy se considera como un documento histórico atendible aunque
no muy genuino, que tiene el estilo modesto de quien escribe con fines
exquisitamente edificantes, pero logra colocar a la Santa en un precioso
cuadro histórico.
Nació en Nanterre, en las afueras de París, hacia el año
422, y a los seis años la consagró a Dios san Germano
de Auxerre, que pasaba por allí, camino en Inglaterra en donde
imperaba la herejía pelagiana. A los 15 años se consagró
definitivamente a Dios, entrando a formar parte de un grupo de vírgenes
entregadas a Dios que, no vivían en un convento, sino en sus
propias casas, dedicadas a obras de caridad y de penitencia. Genoveva
tomaba las cosas en serio: sólo comía el jueves y el domingo,
y desde por la tarde de Epifanía hasta jueves Santo no salía
nunca de su pieza.
A los 30 años se vio envuelta en la política: en el año
451 París se encontraba bajo la amenaza de los Hunos de Atila;
a los parisienses iban a huir de la ciudad, pero Genoveva los convenció
a permanecer ahí, confiando en la protección del cielo.
Así sucedió, pero la santa corrió el riego de ser
linchada por los más miedosos.
Una vez rechazados los bárbaros, apareció el problema
de la carestía: entonces Genoveva montó en una pequeña
embarcación, subió por el Sena y consiguió cereales
que distribuyó generosamente a todo el pueblo. Era una digna
antecesora de santa Juana de Arco. Se sirvió de su amistad con
los reyes Quilderico y Clodoveo para obtener la gracia para muchos prisioneros
políticos.
Murió en el año 502, y sobre su tumba se construyó
un pequeño oratorio de madera, que fue el origen de una famosa
abadía, más tarde transformada en Basílica por
Luis XV. Se le invocaba sobre todo en tiempos de graves calamidades,
como la peste, o para pedir la lluvia o contra las inundaciones del
Sena. Los jacobinos de la revolución Francesa destruyeron buena
parte de las reliquias y transformaron la basílica de santa Genoveva-que
tomó el nombre clásico de Panteón- en el mausoleo
de los franceses ilustres. Pero el culto a santa Genoveva continuó
en la iglesia cercana de Saint-Etienne-du-Mont.