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San Marcelo se lo representa en una actitud insólita para un Papa: en un establo cuidando caballos y mulas. Jacobo de Varágine en su famosa Leyenda áurea cuenta lo siguiente: "Siendo Marcelo Sumo Pontífe en Roma y habiendo reprochado a Maximiano por su crueldad contra los cristianos, se encontraba celebrando la misa en su casa de una patricia romana: entonces el emperador, lleno de ira, convirtió la casa en un establo y allí condenó a Marcelo a cuidar a los animales, y en ese oficio, después de muchos años, descansó en paz". Y la leyenda, que no deja las cosas a la mitad, dice que la patricia romana fue la famosa Lucina y que la casa transformada en establo se encontraba donde hoy esta la Iglesia de san Marcelo, uno de los antiguos "títulos" de la ciudad de Roma. En realidad no se saben muchas cosas de san Marcelo, e incluso no ha faltado quien niegue su existencia, considerando que se trata más bien de san Marcelino, que Papa el año 296 y murió mártir en el 309. La afirmación es más ciertamente exagerada. Los redactores del calendario renovado, dejaron la memoria de san Marcelo a los calendarios particulares, porque no era un santo de importancia universal (como sugiere el documento conciliar Sacrosanctum concilium, n 111), y, aclarando que no murió mártir, lo recuerdan como Papa que murió en Roma en el 309. Doble fue el empeño del breve pontificado de san Marcelo: la reestructuración de las "parroquias" romanas devastadas por la feroz persecución de Diocleciano, y el rigor respecto de los llamados "lapsos" que pretendían ser admitidos a los sacramentos sin cumplir la penitencia prescrita. |
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