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La estrella del Mar
Los marineros antes de la edad de la electrónica confiaban su rumbo
a las estrellas. De aquí la analogía con La Virgen María quien como,
estrella del mar, nos guía por las aguas difíciles de la vida hacia
el puerto seguro que es Cristo.
Por la invasión de los sarracenos, los Carmelitas se vieron obligados
a abandonar el Monte Carmelo. Una antigua tradición nos dice que antes
de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina
y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar. Por ese bello
nombre conocían también a la Virgen porque el Monte Carmelo se alza
como una estrella junto al mar
Los
Carmelitas y la Virgen del Carmen
se difunden por Europa
La Virgen Inmaculada, Estrella del Mar, es la Virgen del Carmen,
es decir la que desde tiempos remotos allí se le venera. Ella acompañó
a los Carmelitas a medida que la orden se propagó por el mundo. A
los Carmelitas se les conoce por su devoción a la Madre de Dios, ya
que en ella ven el cumplimiento del ideal de Elías. Llegaron incluso
a llamárseles: "Los hermanos de Nuestra Señora del Monte Carmelo".
En su profesión religiosa se consagraban a Dios y a María, y tomaban
el hábito en honor ella, como un recordatorio de que sus vidas le
pertenecían a ella, y por ella a Cristo.
El Escapulario Carmelita
Los signos en la vida humana y cristiana
Vivimos en un mundo con cantidad de realidades tomadas como símbolo:
el rayo de luz, la llama de fuego, el agua que brota... En la vida
de cada día existe también gestos que expresan y simbolizan valores
más profundos: como el compartir la comida (signo de amistad), el
ponerse en fila para una manifestación (signo de solidariedad), el
estar todos en pie (respeto).
Como hombres tenemos necesidad de signos o símbolos que nos ayuden
a entender y vivir.
Como cristianos tenemos a Jesús, el gran don y al mismo tiempo signo
eterno del amor del Padre. El estableció la Iglesia, ella misma como
signo e instrumento de su amor. E incluso utilizó pan, vino, agua
para remontarnos a realidades superiores que no vemos ni tocamos:
constituyó signos capaces para dárnoslas verdaderamente, es decir
los Sacramentos.
En la celebración de los Sacramentos los símbolos (agua, aceite, pan,
imposición de las manos, anillos) expresan y operan una comunicación
con Dios, que se hace presente a través de tales cosas concretas y
cotidianas.
Además de los signos litúrgicos, existen en la Iglesia otros signos,
ligados a un acontecimiento, a una tradición, a una persona.
UNO DE ESTOS ES EL ESCAPULARIO DEL CARMEN.
Origen del Escapulario
En el Medioevo muchos cristianos querían unirse a las Ordenes religiosas
fundadas entonces: Franciscanos, Dominicos, Agustinos, Carmelitas.
Surgió un laicado asociado a ellas mediante las Confraternidades.
Las Ordenes religiosas trataron de dar a los laicos un signo de afiliación
y de participación en su espíritu y apostolado. Este signo estaba
constituido por una parte significativa del hábito: capa, cordón,
escapulario.
Entre los Carmelitas se estableció el Escapulario, en forma reducida,
como expresión de pertenencia a la Orden y de compartir su devoción
mariana.
Actualmente el Escapulario de la Virgen del Carmen es un signo aprobado
por la Iglesia y propuesto por la Orden Carmelitana como manifestación
del amor de María por nosotros y como expresión de confianza filial
por parte nuestra en Ella, cuya vida queremos imitar.
El "Escapulario" en su origen era un delantal que los monjes vestían
sobre el hábito religioso durante el trabajo manual. Con el tiempo
asumió el significado simbólico de querer llevar la cruz de cada día,
comlos verdaderos seguidores de Jesús. En algunas Ordenes religiosas,
como el Carmelo se convirtió en el signo de la decisión de vivir la
vida como siervos de Cristo y de Maria.
El Escapulario simbolizó el vínculo especial de los Carmelitas a María,
Madre del Señor, expresando la confianza en su materna protección
y el deseo de seguir su ejemplo de donación a Cristo y a los demás.
Así se ha transformado en un signo Mariano por excelencia.
El Escapulario, signo mariano
El Escapulario ahonda sus raíces en la larga historia de la orden
Carmelita, donde representa el compromiso de seguir a Cristo
como María, modelo perfecto de todos los discípulos de Cristo. Este
compromiso tiene su origen lógico en el bautismo que nos transforma
en hijos de Dios.
La Virgen nos enseña
A vivir abiertos a Dios y a su voluntad, manifestada en los acontecimientos
de la vida;
A escuchar la voz (palabra) de Dios en la Biblia y en la vida, poniendo
después en práctica las exigencias de esta voz;
A orar fielmente sintiendo a Dios presente en todos los acontecimientos;
A vivir cerca de nuestros hermanos y a ser solidarios con ellos en
sus necesidades.
El Escapulario introduce en la fraternidad del Carmelo, es
decir en una gran comunidad de religiosos y religiosas que, nacidos
en Tierra Santa, están presentes en la Iglesia desde hace más de ocho
siglos.
Compromete a vivir el ideal de esta familia religiosa, que es la amistad
íntima con Dios a través de la oraciòn
Pone delante el ejemplo delos santos y santas del Carmelo con quienes
se establece una relación familiar de hermanos y hermanas.
Expresa la fe en el encuentro con Dios en la vida eterna por la intercesión
de María y su protección.
En síntesis y en concreto el escapulario del
Carmen
NO ES
Ni un objeto para una protección mágica (un amuleto)
Ni una garantía automática de salvación
Ni una dispensa para no vivir las exigencias de la vida cristiana,
al revés!
ES
Un signo "fuerte" aprobado por la Iglesia desde hace varios siglos,
ya que representa nuestro compromiso de seguir a Jesús como María:
* abiertos a Dios y a su voluntad
* guiados por la fe, por la esperanza y por el amor
* cercanos al prójimo necesitado
* orando constantemente y descubriendo a Dios presente en todas las
circunstancias
* un signo que introduce en la familia del Carmelo
* un signo que alimenta la esperanza del encuentro con Dios en la
vida eterna bajo la protección de María Santísima.
Normas prácticas
* El Escapulario lo impone una vez para siempre, un religioso carmelita
u otro sacerdote autorizado.
* Puede ser sustituido por una medalla que represente por una parte
la imagen del Sagrado Corazón de Jesús, y por otra la de la Virgen.
Esta medalla se bendice cuando se cambia.
* El Escapulario es para los cristianos auténticos que viven conforme
a las exigencias evangélicas, reciben los Sacramentos y profesan una
especial devoción a la Santísima Virgen (expresada con el rezo cotidiano
de al menos tres Ave Marías).
Imposición del escapulario: fórmula
Recibe este Escapulario, signo de una relación especial con
María, la Madre de Jesús, que te comprometes a imitare.
Este Escapulario te recuerde tu dignidad de cristiano, tu entrega
al servicio del prójimo y a la imitación de María.
Llévalo como signo de su protección y como signo de tu pertenencia
a la familia del Carmelo. Estáte dispuesto a cumplir la voluntad de
Dios y a comprometerte en el trabajo por la construcción de un mundo
que responda al plan de fraternidad, justicia y paz de Cristo.
Santa Teresa de Jesús y la
Virgen María
Toda la experiencia mariana de Santa Teresa que se encuentra
diseminada en sus escritos, se puede componer en un mosaico que ofrece
una hermosa imagen de María; nos servimos de tres líneas importantes
de esta doctrina teresiana.
a. Devoción mariana y experiencia mística mariana
Desde la primera página de los escritos teresianos aparece
la Virgen entre los recuerdos más importantes de la niñez de Teresa;
es el recuerdo de la devoción que su madre Doña Beatriz le inculcaba
y que ejercitaba con el rezo del Santo Rosario (Vida 1,1.6); es conmovedor
el episodio de su oración a la Virgen cuando pierde su madre Doña
Beatriz, a la edad de 13 años: "Afligida fuíme a una imagen de nuestra
Señora y suplicaba fuese mi madre con muchas lágrimas. Parecíame que
aunque se hizo con simpleza me ha valido; porque conocidamente he
hallado a esta Virgen soberana en cuanto me he encomendado a ella,
y, en fin, me ha tornado a sí" (Vida 1,7). La Santa atribuye, pues,
a la Virgen, la gracia de una protección constante y de manera especial
la gracia de su conversión: "me ha tornado a sí". Otros textos de
la autobiografía nos revelan la permanencia de esta devoción mariana:
cuando acude a la Virgen en sus penas (Vida 19,S), cuando recuerda
sus fiestas de la Asunción y de la Inmaculada Concepción (Ib. 5,9;
5,6), o la Sagrada Familia (Ib. 6,8), o su devoción al Rosario (Ib.
29,7; 38,1).
Muy pronto la devoción a la Virgen pasa a ser, como en otros aspectos
de la vida de la Santa, una experiencia de sus misterios cuando Dios
hace entrar a Teresa en contacto con el misterio de Cristo y de todo
lo que a él le pertenece. En la experiencia
mística teresiana del misterio de la Virgen hay como una progresiva
contemplación y experiencia de los momentos más importantes de la
vida de la Virgen, según la narración evangélica. Así por ejemplo,
tenemos una intuición del misterio de la obumbración de la Virgen
y de su actitud humilde y sabia en la Anunciación (Conceptos de Amor
de Dios 5,2; 6,7). Por dos veces la Santa Madre ha tenido una experiencia
mística de las primeras palabras del Cántico de María, el "Magnificat"
(Relación 29,1; 61), que según el testimonio de María de San José
con mucha frecuencia "repetía en voz baja y en lenguaje castellano"'
(Cfr. B.M.C. 18, p. 491).
Contempla con estupor el misterio de la Encarnación y de la presencia
del Señor dentro de nosotros a imagen de la Virgen que lleva dentro
de sí al Salvador: "Quiso (el Señor) caber en el vientre de su Sacratísima
Madre. Como es Señor, consigo trae la libertad, y como nos ama hácese
a nuestra medida" (Camino Escorial 48,11). Contempla la Presentación
de Jesús en el templo y se le revela el sentido de las palabras de
Simeón a la Virgen (Relación 35,1): "No pienses cuando ves a mi Madre
que me tiene en los brazos, que gozaba de aquellos contentos sin graves
tormentos. Desde que le dijo Simeón aquellas palabras, la dio mi Padre
clara luz para que viese lo que yo había de padecer" ( Cfr. también
sobre el nacimiento de Jesús la Poesía 14 y sobre la presentación
Camino 31,2). Tiene presente la huída a Egipto y la vida oculta de
la Sagrada Familia (Carta a Doña Luisa de la Cerda, 27 de mayo de
1563, y Vida 6,8).
Tiene una especial intuición de la presencia de María en el misterio
pascual de su Hijo; participa con ella en la pena de su desolación
y en la alegría de la Resurrección del Señor. A Teresa le gusta contemplar
fortaleza de María y su comunión con el misterio de Cristo al pie
de la Cruz (Camino 26,8). En los Conceptos de Amor de Dios (3,11)
describe la actitud de la Virgen: "Estaba de pie y no dormida, sino
padeciendo su santísima anima y muriendo dura muerte". Ha entrado
místicamente en el dolor de la Virgen cuando se le pone el Señor en
sus brazos "a manera de como se pinta la quinta angustia" (Relación
58); ha experimentado en la Pascua de 1571 en Salamanca la desolación
y el traspasamiento del alma ( que es como una noche oscura del espíritu);
todo ello le hace hacen recordar la soledad de la Virgen al pie de
la Cruz (Relación 15, 1.6). En esta misma ocasión le dice el Señor
que: "En resucitando había visto a nuestra Señora, porque estaba ya
con gran necesidad ... y que había estado mucho con ella- porque había
sido menester hasta consolarla" (Ib.).
En varias ocasiones ha podido contemplar el misterio de la glorificación
de la Virgen en la fiesta de su Asunción gloriosa (Vida 33,15 y 39,26).
Tiene conciencia de que la Virgen acompaña con su intercesión constante
la comunidad en oración, como le acaece en San José de Avila (Vida
36,24) y en la Encarnación (Relación 25,13).
Cuando en una altísima experiencia mística de le da a conocer el misterio
de la Trinidad percibe la cercanía de la Virgen en este misterio y
el hecho de que la Virgen, con Cristo y el Espíritu Santo son un don
inefable del Padre: "Yo te di a mi Hijo y al Espíritu Santo y a esa
Virgen. ¿Qué me puedes dar tu a mi? (Ib.)
Se puede afirmar que la Santa ha tenido una profunda experiencia mística
mariana, ha gozado de la presencia de María y ella misma, la Madre,
le ha hecho revivir sus misterios. Por eso es una profunda convicción
de la doctrina teresiana que los misterios de la Humanidad de Cristo
y los misterios de la Virgen Madre forman parte de la experiencia
mística de los perfectos (Cfr. Moradas VI,7,13 y título del cap.;
8,6).
b. María, modelo y madre de la vida espiritual.
Santa Teresa ha expresado en algunas líneas doctrinales su experiencia
y su contemplación del misterioso de la Virgen María. Hubiera, sin
duda alguna, trazado una hermosa síntesis de espiritualidad mariana
si, como fue su intención, hubiese comentado el "Ave María" como hizo
con el Padre Nuestro en la primera redacción del Camino de Perfección.
Podemos afirmar que entre las virtudes características de la Virgen
que Santa Teresa propone a la imitación, hay una que las resume todas.
María es la primera cristiana, la discípula del Señor, la seguidora
de Cristo hasta el pie de la Cruz (Camino 26,8). Es el modelo de una
adhesión total a la Humanidad de Cristo y a la comunión con El en
sus misterios, de manera que Ella es el modelo de una contemplacion
centrada en la Sacratísima Humanidad (Cfr. Vida 22,1; Moradas VI,7,14).
Entre las virtudes que son también las de la vida religiosa carmelitana
podemos citar: la pobreza que hace María pobre con Cristo (cfr. Camino
31,2); la humildad que trajo a Dios del cielo "en las entrañas de
la Virgen" (Camino 16,2) y por eso es una de las virtudes principales
que hay que imitar: "Parezcámonos en algo a la gran humildad de la
Virgen Santísima" (Camino 13,3); la actitud de humilde contemplacion
y de estupor ante las maravillas de Dios (Conceptos de Amor de Dios,
6,7) y el total asentimiento a su voluntad (Ib.).
Su presencia acompaña todo nuestro camino de vida espiritual, como
si cada gracia y cada momento crucial de madurez en la vida cristiana
y religiosa tuvieran que ver con la presencia activa de la Madre en
el camino de sus hijas. Así la Virgen aparece activamente presente
en toda la descripción que la Santa hace del itinerario de la vida
espiritual en el Castillo Interior. Es la Virgen que intercede por
los pecadores cuando a ella se encomiendan (Moradas I, 2,12). Es ejemplo
y modelo de todas las virtudes, para que con sus méritos y con sus
virtudes pueda servir de aliento su memoria en la hora de la conversión
definitiva (Moradas III 1,3). Es la Esposa de los Cantares (Conceptos
de Amor de Dios, 6,7), modelo de las almas perfectas. Y es la Madre
en la que todas las gracias se resumen en su comunión con Cristo en
el "mucho padecer": "Siempre hemos visto que los que mas cercanos
anduvieron a Cristo nuestro Señor fueron los de mayores trabajos:
miremos los que pasó su gloriosa Madre y sus gloriosos apóstoles"
(Moradas VII 4,5). Por eso la memoria de Cristo y de la Virgen, en
la celebración litúrgica de sus misterios, nos acompaña y fortalece
(Cfr. Moradas VI,7,11.13).
c. La Virgen María y el Carmelo
Teresa de Jesús con su vocación de Carmelita ha entrado profundamente
en toda la antigua tradición espiritual del Carmelo. En el monasterio
de la Encarnación de Avila ha podido impregnarse de toda la rica espiritualidad
mariana de la Orden, tal como en el siglo XVI la expresaban la tradición
histórica, las leyendas espirituales, la liturgia carmelitana, la
devoción popular, la iconografía carmelitana. En sus escritos el nombre
de la Orden esta siempre unido al de la Virgen que es Señora, Patrona,
Madre de la Orden y de cada uno de sus miembros. Todo es mariano en
la Orden, según Santa Teresa: el hábito, la Regla, las casas.
Cuando es nombrada Priora de la Encarnación, en 1571, coloca en el
lugar primero del coro a la Virgen, porque comprende que en María
hay una convergencia de devoción, de amor y respeto por parte de todas
las religiosas. El gesto tiene un hermoso epílogo mariano, con la
aparición de la Virgen (Relación 25). En una Carta a María de Mendoza
(7 de marzo de 1572) dice afectuosamente: "Mi 'Priora' (la Virgen
María) hace estas maravillas". Acoge con gozo al P. Gracián, tan devoto
de la Virgen, como ella recuerda con frecuencia en sus Cartas, y se
entusiasma con el conocimiento que él tiene y le comunica de los orígenes
de la Orden, tal como eran narrados en los libros de entonces (cfr.
Fundaciones, c.23) Tiene plena conciencia de los privilegios del Santo
Escapulario, como parece aludir en esta frase a propósito de la muerte
de un carmelita: "Entendí que por haber sido fraile que había guardado
bien su profesión le habían aprovechado las Bulas de la Orden para
no entrar en el Purgatorio (Vida 38,31).
Con idéntico espíritu mariano, como un servicio de renovación de la
Orden de nuestra Señora y por impulsos de la Virgen, emprende la tarea
de la fundación de San José. Ya en las primeras gracias que Cristo
le hace, encontramos la alusión de la presencia de la Virgen en el
Carmelo (Vida 32,11).
Después es la misma Virgen la que activa la fundación de San José
con idénticas palabras y promesas y con una gracia especial concedida
a Teresa de pureza interior, una especie de investidura mariana para
ser Fundadora (Vida 33,14). Al concluir felizmente la fundación de
San José la Madre Teresa confiesa sus sentimientos marianos: "Fue
para mí como estar en una gloria ver poner el Santísimo Sacramento...
y hecha una obra que tenía entendido era para servicio del Señor y
honra del hábito de su gloriosa Madre" (Vida 36,6). Y añade: "Guardamos
la Regla de nuestra Señora del Carmen... Plega al Señor sea todo para
gloria y alabanza suya, y de la gloriosa Virgen María, cuyo hábito
traemos" (Ib. 36, 26.28) Como respuesta a este servicio mariano, ve
a Cristo que le agradece "lo que había hecho por su Madre" y ve a
la Virgen "con grandísima gloria, con manto blanco y debajo de él
parecía ampararnos a todas" (Ib. 36, 24).
En la narración de los progresos de la Reforma, Teresa tiene siempre
el cuidado de subrayar la continuidad con la Orden, el servicio hecho
a nuestra Señora, la especial protección que Ella le dispensa en todas
las ocasiones. Así, por ejemplo, el encuentro con el Padre Rubeo y
el permiso obtenido para extender los monasterios teresianos: "Escribí
a nuestro Padre General una carta... poniéndole delante el servicio
que haría a nuestra Señora, de quien era muy devoto. Ella debía ser
la que lo negoció" (Fundaciones, 2,5). Todo el libro de las Fundaciones
parece estar escrito en clave mariana, pues son continuas las alusiones
de Teresa a la Virgen y a su servicio, como cuando escribe: "Comenzando
a poblarse estos palomarcitos de la Virgen nuestra Señora ..." (Ib.
4,5); o cuando subraya: "Son estos principios para renovar la Regla
de la Virgen su Madre y Señora y Patrona Nuestra" (Ib. 14,5), como
dice a propósito de la fundación de Duruelo. Cuando vuelve la vista
atrás, al final del libro de las Fundaciones, contempla todo como
un servicio de la Virgen y una obra en la que ha colaborado la misma
Reina del Carmelo: "Nosotras nos alegramos de poder en algo servir
a nuestra Madre y Señora y Patrona... Poco a poco se van haciendo
cosas en honra y gloria de esta gloriosa Virgen y su Hijo ..." (Ib.
29,23.28). La misma separación de calzados y descalzos hecha en el
Capítulo de Alcalá, en 1581, es contemplada por Teresa con una referencia
pacificadora a la Madre de la Orden: "Acabó nuestro Señor cosa tan
importante... a la honra y gloria de su gloriosa Madre, pues es de
su Orden, como Señora y Patrona que es nuestra ..." (Ib. 29,31).
El recuerdo de la Virgen sugiere a Teresa en diversas ocasiones el
sentido de la vocación carmelitana inspirada en María. Así por ejemplo
con una alusión implícita a la Virgen escribe: "Todas las que traemos
este hábito sagrado del Carmen somos llamadas a la oración y contemplación
(porque este fue nuestro principio, de esta casta venimos, de aquellos
santos Padres nuestros del Monte Carmelo, que en tan gran soledad
y con tanto desprecio del mundo buscaban este tesoro, esta preciosa
margarita de que hablamos" (Moradas V 1,2).
En el contexto anterior y posterior la Santa habla de la vocación
la oración, tesoro escondido y perla preciosa - dos alusiones evangélicas
- que están dentro de nosotros, pero que exigen el don total de nuestra
vida para comprar el campo donde esta el tesoro y adquirir la perla
preciosa. María aparece como la Madre de esta "casta de contemplativos",
por su interioridad en la meditación y la entrega total del Señor.
En otra ocasión Teresa llama la atención sobre la necesidad de la
imitación de la Virgen para poder llamarnos de veras hijas suyos:
"Plega a nuestro Señor, hermanas, que nosotras hagamos la vida como
verdaderas hijas de la Virgen y guardemos nuestra profesión, para
que nuestro Señor nos haga la merced que nos ha prometido" (Fundaciones
16,7). En el amor a la Virgen y en la adhesión a la misma familia
se encuentra para la fraternidad teresiana el fundamento del amor
recíproco y de la comunión de bienes, como sugieren estos dos textos:
"Así que, mis hijas, todas lo son de la Virgen y hermanas, procuren
amarse mucho unas a otras" (Carta a las monjas de Sevilla, 13 de enero
de 1580, 6). "Por eso traemos todas un hábito, porque nos ayudemos
unos (monasterios) a otros, pues lo que es de uno es de todos" (Carta
a la M. Priora y Hermanas de Valladolid, 31 de mayo de 1579,4).
Estas páginas muestran como la Santa Madre ha vivido intensamente
la tradición mariana del Carmelo y la ha enriquecido con su experiencia
mística, su devoción y la orientación doctrinal de sus escritos. Para
la carmelita descalza la Virgen es, en la perspectiva teresiana, modelo
de adhesión a Cristo, de vivencia contemplativa de su misterio y de
servicio eclesial; para cada monasterio, la Virgen es la Madre que
con su presencia acrecienta el sentido de intimidad y de familia,
alienta en el camino de la vida espiritual, preside la oración como
ferviente intercesora ante su Hijo.
La Espiritualidad
Mariana de la orden Carmelita
Escrita por la Orden de Carmelitas Descalzos
1. En los orígenes de nuestra devoción mariana
Hay tres palabras claves que sintetizan los orígenes de nuestra relación
carismática con la Virgen María: el lugar del Monte Carmelo, el nombre
o título mariano de la Orden, la explícita mención de la dedicación
de la Orden del Carmelo al servicio de nuestra Señora.
a. El lugar: una capilla en honor de la Virgen María en el
Monte Carmelo
Un anónimo peregrino de principios del siglo XIII nos ofrece, en un
documento sobre los caminos y peregrinaciones de la Tierra Santa,
el primer testimonio histórico mariano acerca de la Orden. Nos habla
de una "muy bella y pequeña iglesia de nuestra Señora que los ermitaños
latinos, llamados "Hermanos del Carmelo" tenían en el Wadi 'ain es-Siah.
Otra redacción del mismo manuscrito habla de una iglesia de nuestra
Señora.
Posteriormente el título de la Virgen María se le dará a todo el monasterio,
cuando se amplíe notablemente la primitiva capilla, como consta en
varios documentos antiguos (cfr. Bullarium Carmelitanum, I,
pp. 4 y 28). Este dato primordial de la capilla del Monte Carmelo
dedicada a la Madre de Dios es significativo y prácticamente es el
hecho del que se desprende la más antigua devoción de los Carmelitas
a la Virgen. Desde el principio de su fundación los Carmelitas han
erigido una pequeña capilla dedicada a la Virgen Madre de Dios en
su misma tierra de Israel.
Suponemos que esta capilla estaba presidida por una imagen de la Madre
de Dios. La tradición antigua de la orden nos ha transmitido algunas
imágenes antiguas, de inspiración oriental. Entre ellas algunas del
tipo de la Virgen de la ternura o de la Virgen sentada en un trono
con su Hijo. Todo ello indica que los ermitaños del Monte Carmelo
querían dedicarse por entero al vivir en obsequio de Jesucristo bajo
la mirada amorosa de la Virgen Madre, y que ella presidió desde sus
misma cuna el nacimiento de una nueva experiencia eclesial. De aquí
el hecho que se la reconozca como Patrona, según las palabras del
General Pedro de Millaud al Rey de Inglaterra Eduardo I a propósito
de la Virgen María "en cuya alabanza y gloria esta misma Orden fue
fundada especialmente" (Cfr. Ibidem, 606-607). Una afirmación
que la tradición posterior confirmara constantemente.
b. El nombre: "Hermanos de la Bienaventurada Virgen
María del Monte Carmelo"
Así aparece el título de la Orden en algunos documentos pontificios,
con una referencia explícita a la Virgen María, como consta por la
Bulla de Inocencio IV, Ex parte dilectorum (13-1-1252): "De
parte de los amados hijos, los ermitaños hermanos de la Orden de Santa
María del Monte Carmelo" (Analecta Ordinis Carmelitarum 2 (1911-1913)
p.128). En un documento posterior (20-2-1233) Urbano IV (en la Bula
Quoniam, ut ait) hace referencia al "Prior Provincial de la
Orden de la Bienaventurada María del Monte Carmelo en Tierra Santa"
y añade que en el Monte Carmelo está el lugar de origen de esta Orden
donde se va a edificar un nuevo monasterio en honor de Dios y "de
la dicha Gloriosa Virgen su Patrona" (Bullarium Carmelitanum
I, p.28).
Este nombre, "Hermanos" que es signo de familiaridad e intimidad con
la Virgen, ha sido reconocido por la Iglesia, y será en adelante fuente
de espiritualidad cuando los autores carmelitas posteriores hablen
del "patronazgo de la Virgen" y de su cualidad de "Hermana" de los
Carmelitas.
c. La consagración a la Virgen
El Carmelo profesa con su dedicación total al servicio de Jesucristo
como Señor de la Tierra Santa, según el sentido de seguimiento y de
servicio que tiene el texto inicial de la Regla en su contexto histórico
y geográfico, su total consagración a la Virgen María. Así lo reconoce
un antiguo texto legislativo del Capitulo de Montpellier, celebrado
en 1287: "Imploramos la intercesión de la gloriosa Virgen María, Madre
de Jesús, en cuyo obsequio y honor fue fundada nuestra religión del
Monte Carmelo" (Cfr. Actas del Capítulo General de Montpellier,
Acta Cap.Gen., Ed. Wessels-Zimmermann, Roma 1912, p.7). Esta
especial consagración que se une al recuerdo del seguimiento de Cristo
tendrá una lógica consecuencia en la fórmula de la profesión que incluirá
la mención explícita de la entrega a Dios y a la Bienaventurada Virgen
María.
2. Una tradición espiritual viva
Tras los datos históricos reseñados que pertenecen a los albores
de la experiencia mariana del Carmelo, las Constituciones señalan
los elementos mas significativos de la espiritualidad mariana de Santa
Teresa y de San Juan de la Cruz. Sin embargo podemos condensar en
algunas orientaciones la riqueza doctrinal del espíritu mariano de
la Orden, tal como ha sido vivido a partir de los orígenes, enriquecido
por la devoción y los escritos espirituales de algunos carmelitas
insignes.
a. Los títulos de amor y de veneración.
Se puede afirmar que la antigua tradición carmelitana ha expresado
los vínculos de amor con la Virgen a través de una serie de títulos
relativos al misterio de María pero percibidos con un sabor especial
desde la experiencia de la vida del Carmelo. Así, en los orígenes,
predomina la denominación de Patrona de la Orden, pero también se
va haciendo camino la expresión más dulce de Madre, como aparece en
fórmulas antiguas de Capítulos y Constituciones, como estas: "En honor
de nuestro Señor Jesucristo y de la gloriosa Virgen María, Madre de
nuestra Orden del Carmelo"; "Para alabanza de Dios y de la bienaventurada
Virgen María Madre de Dios y Madre nuestra", como dicen las Constituciones
de 1369.
En la antífona "Flos Carmeli" se invoca a la Virgen como "Madre dulce"
(Mater mitis) y Juan de Chimineto habla de María como "fuente de las
misericordias y Madre nuestra". Los dos apelativos están en relación
con el misterio de la Virgen Madre de Dios en la expansión de su maternidad
hacia los hombres. A estos títulos hay que añadir el de Hermana, asumido
por los Carmelitas del siglo XIV en la literatura devocional que narra
los orígenes de la Orden, a partir del profeta Elías que contempla
proféticamente en la nubecilla la futura Madre del Mesías, y se complace
en ilustrar las relaciones de la Virgen con los ermitaños del Monte
Carmelo.
Desde otro punto de vista doctrinal, los Carmelitas, en la contemplacion
el misterio de la Virgen, han puesto de relieve su Virginidad, admirando
en ella el modelo de la opción por una vida virginal en el Carmelo
y su relación con la contemplacion. Por las mismas razones los Carmelitas
siempre estuvieron entre los defensores del privilegio de la Inmaculada
Concepción de la Virgen, en las controversias de la edad media, sea
a nivel de teología, sea a favor de la introducción de la fiesta en
el Calendario de la Orden que la celebraba con particular devoción.
De aquí también la insistencia de los autores carmelitas en la filial
contemplacion de la Virgen Purísima y del compromiso de imitar en
la Virgen esta actitud espiritual, simbólicamente reflejada en la
capa blanca del hábito de la Orden.
b. Privilegios para la Orden.
La historia y la espiritualidad mariana de la Orden, sobre todo durante
los siglos XIV-XVI, se enriquecen de motivos devocionales que van
aumentando la tradición histórica primitiva. La Virgen María aparece
como una auténtica Protectora de la Orden en momentos difíciles de
su evolución y su expansión en Occidente. EL Catálogo de los Santos
Carmelitas ha recogido la visión que el General de la Orden Simón
Stock tuvo hacia el año 1251, cuando la Virgen se le aparece y le
hace entrega del hábito de la Orden asegurándole la salvación eterna
para todos los que lo lleven con devoción. Al Papa Juan XXII se le
atribuye un documento, llamado comúnmente Bula Sabatina, que lleva
la fecha del 3 de marzo de 1322, en el cual refiere la visión que
el mismo Papa tiene de la Virgen que le promete una protección personal
a cambio de la ayuda que él mismo preste a los Carmelitas; en la Bula
se alude al privilegio de una liberación de las penas del Purgatorio
para todos aquellos que hayan llevado dignamente el Santo Escapulario,
mediante la acción maternal de la Virgen que irá a liberar a sus devotos
el sábado siguiente a su muerte.
Estos dos hechos han polarizado la atención popular hacia la devoción
mariana propuesta por los Carmelitas y han monopolizado, en cierto
sentido, la visión espiritual que la Orden ha tenido del misterio
de María, que es sin duda mucho más rica, más evangélica, más espiritual.
La Orden desde el siglo XIV quiso celebrar con una fiesta especial,
la Conmemoración de la Virgen María del Monte Carmelo, los beneficios
recibidos por intercesión de nuestra Señora. Esta fiesta tenía a la
vez el sentido de recordar la protección de María y de realizar la
acción de gracias por parte de la Orden. En la elección de la fecha,
como se sabe, influye la parcial aprobación de la Orden obtenida en
el Concilio II de Lyon, el 17 de julio de 1274, cuando había estado
en peligro la extinción de la Orden. Posteriormente, la fecha del
16 de julio fue considerada como el día tradicional de la aparición
de la Virgen a San Simón Stock; de esta forma el recuerdo de la protección
de la Virgen se concentró en el agradecimiento particular por lo que
constituía la suma y compendio del amor de la Virgen para los Carmelitas:
el don del Santo Escapulario y sus privilegios.
c. Espiritualidad mariana de la Orden: María, modelo y Madre
Una nota distintiva de la actitud de los Carmelitas hacia la Virgen
María es el deseo de imitar sus virtudes dentro de la propia profesión
religiosa. Ya el conocido teólogo carmelita Juan Baconthorp (1294-1348)
había intentado hacer en su comentario a la Regla un paralelismo entre
la vida del Carmelita y la vida de la Virgen María; se trata de un
principio exegético de gran importancia porque centra la devoción
en la imitación. Otro gran teólogo, Arnoldo Bostio (1445-1499), ha
cantado en su obra acerca del Patronazgo mariano sobre la Orden, el
sentido de intimidad con la Virgen, la especial filiación del carmelita,
la comunión de bienes con la Madre, el sentido de la "hermandad" con
Ella. El Beato Bautista Mantuano (1447-1516) es un cantor eximio de
la Virgen en su producción poética. Como fieles intérpretes de la
tradición carmelitana llevan a su esplendor el sentido de la intimidad
con la Virgen y su conformación interior al misterio de María el P.
Miguel de San Agustín (1621-1684) y su dirigida María de Santa Teresa
(1623-1677).
Aunque no es éste el lugar para desarrollar la doctrina de todos estos
autores, hemos querido dejar constancia de una rica tradición doctrinal
y espiritual del Carmelo que encontrará en los representantes del
Carmelo Teresiano una digna continuidad y profundización de la espiritualidad
mariana.
d. Liturgia y devoción popular.
Los Carmelitas han expresado su devoción y consagración a la Virgen
especialmente por medio de la liturgia. Han erigido templos en su
memoria y venerado su imagen. Los antiguos Rituales de la Orden, a
partir del siglo XIII, muestran el fervor litúrgico del Carmelo en
la celebración de las fiestas marianas de la Iglesia, con la aceptación
de nuevas celebraciones; se trata de fiestas que en otros lugares
y en otras Ordenes, no son acogidas con tanto fervor, como la fiesta
de la Inmaculada Concepción. La fiesta de la Conmemoración Solemne
de la Virgen del Monte Carmelo se convierte en la fiesta principal.
El antiguo rito jerosolimitano, seguido por la Orden, reserva a María
múltiples invocaciones en las horas canónicas, con antífonas marianas
a final de cada hora y con una solemnización especial de la Salve
Regina de Completas.
En honor de la Virgen se celebran sus misas votivas y el nombre de
María se introduce con frecuencia en los textos litúrgicos de la toma
de hábito y de la profesión. Se puede decir que la liturgia carmelitana
ha dejado una profunda huella de espíritu mariano en la tradición
espiritual y ha plasmado interiormente la dedicación que la Orden
profesaba a la Virgen Nuestra Señora. Junto a la liturgia florecen
características prácticas de devoción popular de la Iglesia, como
el Angelus y el Rosario, y otras propias de la Orden, unidas a la
devoción del Escapulario.
3. La espiritualidad mariana en el Carmelo teresiano
La segunda parte del n. 54 de las Constituciones presenta
la lógica continuidad de la experiencia mariana del Carmelo en Santa
Teresa y en San Juan de la Cruz con estas palabras: "Santa Teresa
y San Juan de la Cruz, han reafirmado y renovado la piedad mariana
del Carmelo". Sigue a continuación una breve y jugosa síntesis del
pensamiento mariano de Santa Teresa y de San Juan de la Cruz. Dentro
del espacio que ofrecen estas páginas de breve comentario vale la
pena alargar un poco más la visión que ofrecen de este punto las Constituciones
para ver hasta qué punto el tema mariano se enriquece en los Santos
de la Orden y como queda configurado actualmente en nuestra espiritualidad,
a partir de la doctrina y experiencia de Teresa de Jesús, de Juan
de la Cruz y de otros testigos eximios del Carmelo Teresiano.
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