El misterio de la vida del hombre y el misterio de Dios son como dos
caras de la misma moneda, una sola realidad. Por ello recordaba San
Pablo: "La vida está escondida con Cristo en Dios"
(Col 3,3) Desde esta idea puedes comprender como el amor entre los padres
de Jesús y la armonía humana de aquel hogar fue el mejor
medio para introducirlo en su propia vocación. Por medio del
padre José llegó a experimentar la presencia del Padre
del Cielo. María y José fueron los pacientes educadores
de Jesús en su proceso de crecimiento ante Dios y ante los hombres.
Por eso te recomendamos, con la más antigua tradición
de la Iglesia, que encomiendes tu camino a María, modelo de todo
camino, y a José, el garante y protector de las vocaciones. Pon
atención a los que dicen San Luis María Grignon de Monfori
y el Beato F. Palau.
· Entre los medios que existen para poseer a Jesucristo. María
es el más seguro, fácil, corto y santo. Aunque hiciéramos
las más espantosas penitencias, emprendiéramos los viajes
más penosos y los trabajos más pesados; aún cuando
derramáramos nuestra sangre para adquirir la divina sabiduría,
si nuestros esfuerzos no están acompañados de la intercesión
de la Santísima Virgen y de la devoción a ella, serán
poco menos que incapaces e inútiles para alcanzarla. Pero si
María pronuncia una palabra a favor nuestro, si su amor mora
en nosotros, si nos hallamos marcados con el sello de los fieles servidores
que observan sus caminos, pronto y sin fatiga obtendremos la divina
sabiduría.
· Hay que realizar las propias acciones con María, es
decir, mirando a María como el modelo acabado de toda virtud
y perfección, formado por el Espíritu Santo en una pura
criatura, para que lo imites según tus limitadas capacidades.
Es, pues necesario, que en cada acción mires como lo hizo o haría
la Santísima Virgen si estuviera en tu lugar. Para esto debes
examinar las virtudes que ella practicó:
1. Su fe viva por la cual creyó sin vacilar la palabra del ángel
y siguió creyendo fiel y constantemente.
2. Su humildad profunda, que la llevó siempre a ocultarse, callarse,
someterse en todo y colocarse siempre en el último lugar.
3. Su pureza, que no ha tenido, ni tendrá jamás igual
sobre la tierra.