MARIA DE LA LITURGIA |
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La presencia de María ocupa un lugar relevante
en la Liturgia de la Iglesia que le dedica amplio espacio en: Plegarias
Eucarísticas, Eucología, Sacramentos, en las diversas expresiones
de oración, etc. Esta presencia es celebrada de modo especial en
el Año Litúrgico, en las festividades marianas.
El fundamento teológico de la presencia de María en la liturgia es relativamente reciente. En el pasado se ha dado mayor importancia al culto en sí, que a la justificación teológica, sin explicación del ¿cómo? Y ¿por qué? Esta reflexión teológica nueva nos viene a partir del Concilio Vaticano II en sus documentos y las consecuencias de estos textos oficiales en el post-concilio: a. El Magisterio de la Iglesia: los textos más significativos del concilio Vaticano II que ponen la base para una reflexión teológica son: SC 103, sobre la presencia de María en el Año Litúrgico. LG 66-67; sobre el culto de la Virgen María en la Iglesia. LG 50: último párrafo que recuerda la comunión de la Iglesia terrena con la Iglesia celeste en la Liturgia Eucarística, con una cita en el canon romano y UR 15 sobre el culto de los Orientales a la Madre de Dios.. b. En la celebración de este círculo anual de los misterios de Cristo, la Santa Madre Iglesia venera su amor especial a la bienaventurada Madre de Dios, la Virgen María unida con lazo indiscutible a la obra salvífica de su hijo. En este aspecto la unión indisoluble entre Cristo y María en la salvación, se añade otro aspecto de carácter ejemplar: María esta unida al misterio de la Iglesia como su modelo. La ejemplaridad de la Virgen María resulta del hecho de que es reconocida "excelente modelo de la Iglesia" en la fe, la caridad. La perfecta unión con Cristo. Y por consiguiente la Iglesia venera con especial amor a María, en ella admira y ensalza el fruto más espléndido de la redención y al contemplar gozosamente como una purísima imagen de lo que Ella misma (toda entera) ansía y espera ser. (Cfr. Puebla 292, 293, 288, 295) María es venerada en la nueva liturgia: · En la celebración de los misterios de Cristo. A María se le atribuye el culto en sí misma, por que culta con la admiración, la contemplación, la alabanza, la petición, etc. Pero la Iglesia cultiva más la visión de María en el misterio de Cristo, la alabanza a la Trinidad por lo realizado en Ella, la petición al Padre por su intercesión, etc. Se dan dos realidades: En la liturgia predomina ampliamente la presencia de Dios, sobre el culto Mariano. Dicho predominio se da cuantitativamente, pero sobre todo cualitativamente: en las piezas importantes -Plegarias Eucarísticas- singularmente en los prefacios, símbolos de la fe, colectas, lecturas bíblicas, etc. Se alaba, se da gracias, se admira, se pide a Dios por lo realizado en María, mientras que al dirigirse a ella se hace normalmente en piezas secundarias -responsorios-, antífonas, letanías, etc. En las cuales este segundo aspecto se va alternando con el primero. Similar comprobación se tiene al analizar globalmente las solemnidades y fiestas Marianas o las conjuntas del Hijo y de la Madre. Incluso las que se prestarían a un tratamiento centrado en María en sentido de privilegios personales, como la Inmaculada concepción y la Asunción, son enfocadas en función del Hijo y de la Iglesia en panorámica de la Historia de la salvación. |
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