EL MAGNÍFICAT |
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Ser llamado por Dios es un hecho inmerecido, algo semejante a sacarse
la lotería. Por eso Dios parece siempre como trascendente y actuante.
El hombre se define como humildad beneficiada por la acción de
Dios. La vocación produce una alegría espiritual muy desinteresada
y libre. Alegría por la obra del Señor. 2- CONSTANTE CAMBIO. Dios está en el centro de la vocación. La acción
de Dios, santo y misericordioso, es el motivo de la llamada. Vivir una
vocación supone dejarse transformar por la acción de Dios.
La llamada es un hecho que levanta al hombre dándole una mayor
dignidad. Hace también al pueblo consiente de su destino en la
Historia.
"Tomó de la mano a Israel, 3- SOLIDARIDAD La vocación personal enlaza y sintoniza con la vocación del Pueblo de Dios. No hace de los llamados una casta especial o privilegiada. María se siente parte del pueblo y alaba a Dios por que ve cumplidas en ellas las promesas del antiguo testamento. |
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